viernes, 25 de junio de 2010

Primera parte: Johann Eisenach


El soldado retrocedió mientras maldecía al cepo que sin previo aviso se cerró cuando intentaba ocultarlo bajo la hierba:
-Ten cuidado Eisenach -le dijo una voz a su lado- ¡Esto es para detener a los judíos no para lisiar a las personas!
Todos los soldados del grupo que se encontraban en el bosque rieron al ingenioso comentario de su compañero. Johann Eisenach, aunque se mostró al principio reticente por lo que le acababa de pasar, acabó uniéndose a sus hermanos.
Johann observó la trampa que había estado manipulando y con suma cautela, se dispuso a abrirla de nuevo:
-Esto no es justo, ¡Yo participe en la toma de Varsovia! No entiendo por qué he de estar en un campo poniendo trampas para detener a esos inútiles. -dijo mientras acababa de poner el cepo y se alzaba en sus metro ochenta de altura. En la oscura noche, sus ojos castaños brillaban al mínimo reflejo de las linternas que llevaban sus compañeros:
-No eres el único que preferiría estar en el frente luchando por el Reich. -contestó Frederik, otro joven soldado al que había conocido en su llegada a Zakopane- pero esto tampoco está nada mal. Buen sueldo, tres comidas al día y la única preocupación de que los presos no pasen de esta línea de en el bosque.
-¡Y enseñarles quien son los superiores! -el grupo de soldados, aunque no rieron abiertamente, se dirigieron sonrisas y miradas de complicidad.
Al final, las risas terminaron por invadir a todos los miembros de la partida de “habilitación” de los alrededores del campo. Todos excepto Johann, que mantenía su semblante serio y su mente pensativa:
-Sí, eso esta bien. Pero si se supone que es un campo de concentración, no entiendo la presencia de todos los médicos que han llegado esta tarde y todo ese material descargado en la enfermería. Esos hombres y esos recursos serían más útiles en el frente ¡No utilizados en esos cerdos!
-¡Tranquilizate Johann! -le dijo Frederik mientras le golpeaba amistosamente en su casco con otro cepo cerrado- Sigue trabajando y no te metas en las cosas que no son de nuestra incumbencia.
Frederik alzó la vista intentando mirar la mansión en las montañas y añadió:
-Haggard es un SS y se ha traído a su propia gente. Es un héroe de guerra, él sabe lo que se hace.-el corpulento soldado que los iluminaba con su linterna empezó a reír escandalosamente y bromeó sin dejar de carcajearse:
-Deben haber venido para que no nos quedemos sin presos demasiado rápido. Yo estuve con él en el frente y solía darnos carta blanca para castigar a los prisioneros.
Excitado por las palabras del soldado corpulento, Frederik palmeó la espalda de Johann mientras le sonreía con su enorme boca en la oscuridad:
-Vamos a ganar el mismo sueldo que en el frente y disfrutando aún más que ellos...
El bosque se volvió a llenar del jolgorio de los soldados mientras alardeaban de todo lo que harían en su estancia en Zakopane:
-Igualmente, preferiría estar en cualquier otra parte. -murmuró Johann Eisenach mientras ajustaba una nueva trampa.

viernes, 18 de junio de 2010

Primera parte: William Mullër I


El científico observó a través de la ventana del despacho. Su visión pasó por alto el paisaje montañoso que había alrededor de la casa, bañado en la luz del atardecer. Tampoco se fijó en los bosques que circundaban el espacio vacío, en el centro del valle. Ignoró también a los soldados que patrullaban entre los bosques y entre los edificios dentro de la alambrada. Sólo le interesaba el único edificio de ladrillo que ocupaba el espacio central. Se ajustó las gafas para observarlo con detenimiento una vez más y su mente empezó a fantasear con los prodigios que llevaría a cabo en él. En medio de sus cavilaciones, una voz le asaltó desde su izquierda sacándolo de sus pensamientos:
-Doctor Mullër, ¿Me está escuchando?
El interpelado giró la cabeza irritado por la interrupción para observar al hombre que le hablaba sentado tras el escritorio de cedro marrón. Antes de responder, se aseguró de adoptar su clásico tono impasible. Pues al hombre que se dirigía reclamaba un respeto por su uniforme militar del Reich:
-¡Disculpe Her Haggard! Mi mente estaba divagando en el proyecto en el que nos vamos a embarcar. - respondió el científico con su mejor sonrisa.
El ario militar de rostro de rasgos cuadriculados y firmes, le correspondió con otra mientras clavaba sus ojos azules en el doctor Mullër. Después se llevó una mano a la cabeza para acariciarse su rubio cabello:
-Le informaba -dijo retomando el hilo de su conversación -. Que el equipo de ayudantes que le envía Her Himmler llegará en unas horas junto al material para que inicie sus estudios.
William Mullër volvió a sonreír pero esta vez dibujándose en sus labios una mueca de satisfacción:
-De acuerdo. ¿Tendré acceso a sujetos cero? -le preguntó clavándose sus ojos que destilaban cierta demencia obsesiva.
El director SS, pese a todo lo que había visto y hecho dentro del ejército por el führer, se sintió amedrentado por la sensación que transmitió aquel hombre. Carraspeó y se cuadro de hombros reafirmando quien tenía mayor rango en aquel despacho:
-Lo siento, pero Himmler sólo le ha proporcionado muestras del virus en estado líquido y gaseoso. Los pacientes cero los ha reservado para sus propias investigaciones. -En ese momento el soldado pudo observar como sus palabras habían decepcionado al otro hombre.-Aunque algunos los ha destinado a la investigación del doctor Rascher en Dachau.
La expresión de odio puro que apareció en la cara del otro hombre fue algo que quedó grabado en la memoria de Adler Haggard durante semanas. El científico comenzó a mascullar palabras inteligibles en un esfuerzo por contenerse:
-Tranquilícese. Su mentor le envía este tipo de muestras junto a un camión S, puesto que confía en su imaginación para alcanzar los objetivos de la investigación, aunque no cuente con los mismos recursos.
Esto pareció serenar al científico que se volvió hacia la ventana de nuevo para observar algo que sólo él podía ver. Tras unos minutos en los que se encerró en su mente, centró de nuevo su atención en el soldado y dijo:
- Perfecto. Y... ¿Cuando llega el ganado?