viernes, 18 de junio de 2010

Primera parte: William Mullër I


El científico observó a través de la ventana del despacho. Su visión pasó por alto el paisaje montañoso que había alrededor de la casa, bañado en la luz del atardecer. Tampoco se fijó en los bosques que circundaban el espacio vacío, en el centro del valle. Ignoró también a los soldados que patrullaban entre los bosques y entre los edificios dentro de la alambrada. Sólo le interesaba el único edificio de ladrillo que ocupaba el espacio central. Se ajustó las gafas para observarlo con detenimiento una vez más y su mente empezó a fantasear con los prodigios que llevaría a cabo en él. En medio de sus cavilaciones, una voz le asaltó desde su izquierda sacándolo de sus pensamientos:
-Doctor Mullër, ¿Me está escuchando?
El interpelado giró la cabeza irritado por la interrupción para observar al hombre que le hablaba sentado tras el escritorio de cedro marrón. Antes de responder, se aseguró de adoptar su clásico tono impasible. Pues al hombre que se dirigía reclamaba un respeto por su uniforme militar del Reich:
-¡Disculpe Her Haggard! Mi mente estaba divagando en el proyecto en el que nos vamos a embarcar. - respondió el científico con su mejor sonrisa.
El ario militar de rostro de rasgos cuadriculados y firmes, le correspondió con otra mientras clavaba sus ojos azules en el doctor Mullër. Después se llevó una mano a la cabeza para acariciarse su rubio cabello:
-Le informaba -dijo retomando el hilo de su conversación -. Que el equipo de ayudantes que le envía Her Himmler llegará en unas horas junto al material para que inicie sus estudios.
William Mullër volvió a sonreír pero esta vez dibujándose en sus labios una mueca de satisfacción:
-De acuerdo. ¿Tendré acceso a sujetos cero? -le preguntó clavándose sus ojos que destilaban cierta demencia obsesiva.
El director SS, pese a todo lo que había visto y hecho dentro del ejército por el führer, se sintió amedrentado por la sensación que transmitió aquel hombre. Carraspeó y se cuadro de hombros reafirmando quien tenía mayor rango en aquel despacho:
-Lo siento, pero Himmler sólo le ha proporcionado muestras del virus en estado líquido y gaseoso. Los pacientes cero los ha reservado para sus propias investigaciones. -En ese momento el soldado pudo observar como sus palabras habían decepcionado al otro hombre.-Aunque algunos los ha destinado a la investigación del doctor Rascher en Dachau.
La expresión de odio puro que apareció en la cara del otro hombre fue algo que quedó grabado en la memoria de Adler Haggard durante semanas. El científico comenzó a mascullar palabras inteligibles en un esfuerzo por contenerse:
-Tranquilícese. Su mentor le envía este tipo de muestras junto a un camión S, puesto que confía en su imaginación para alcanzar los objetivos de la investigación, aunque no cuente con los mismos recursos.
Esto pareció serenar al científico que se volvió hacia la ventana de nuevo para observar algo que sólo él podía ver. Tras unos minutos en los que se encerró en su mente, centró de nuevo su atención en el soldado y dijo:
- Perfecto. Y... ¿Cuando llega el ganado?

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